Feria del Libro, una dosis necesaria.

Por: Miguel Oniel Díaz.

Prejuicios, incertidumbre y falta consciencia, son solo algunas bacterias hijas de la infección de la ignorancia. Están entre nosotros. Suelen reproducirse como conejas: sin control. Viajan por el aire y por la sangre; entran al organismo por los poros a través de las ideas. Los infectados muestran múltiples síntomas, a lo lejos reconocibles, y contra ella sólo existe un tratamiento científicamente efectivo: la cultura.

”… viajan por el aire y por la sangre; entran al organismo por los poros a través de las ideas.”

La ignorancia se identifica por sus diferentes manifestaciones, entre las más conocidas están: la paranoia colectiva, pánico a las ideas diferentes, violencia verbal e incapacidad de argumentar, irrespeto, ‘chopería’, ligereza verbal y renuncia voluntaria a las facultades de raciocinio y el sentido común. Por momentos la ignorancia suele ser tan ‘cotidiana’ que parecería estamos condenados o malditos, sin embargo, la historia demuestra que aún hay salvación.

La importancia de tratar este flagelo a tiempo radica en que, cómo decía el prócer cubano José Martí, ”La ignorancia mata a los pueblos, por eso es preciso matar la ignorancia”. Esta plaga muta en resentimientos y fobias, capaces de cargarse pensamientos, ideales y hasta vidas.

El tratamiento es opcional y se administra por distintas vías y la dosis necesaria depende del avance de la infección. Profesionales recomiendan vacunarse a través de viajes, lectura, apreciación del arte e interacción con el mundo exterior.  En ese sentido, desde hace años en República Dominicana se hace un aporte a la lucha contra la ignorancia y la incultura, con la Feria Internacional del Libro;  una plataforma anual excepcional para apostar a la adquisición del saber y la cultura.

”… profesionales recomiendan vacunarse a través de viajes, lectura, apreciación del arte e interacción con el mundo exterior.”

Con venta de obras, libros, talleres y conferencias gratuitas diversos stands apuestan a la cultura movilizando personal y recursos a la Plaza Juan Pablo Duarte, donde (aunque mezclada con sopa de letras, mucho dembow y otras distracciones) grandes y pequeños tienen acceso a la fuente legendaria del conocimiento.

Reconociendo que nuestra Feria amerita de trabajo y mejoramiento constante, así como también más recursos, entendemos que en lugar de criticarla aportamos más apoyándola, asistiendo y promoviéndola. La detracción fácil y ‘medalaganaria‘ no acabará con la ignorancia, la educación sí.

Hay que aprovecharla pues estará disponible por pocos días, la Feria Internacional del Libroes una dosis necesaria para palear la falta de cultura de la que tanto nos quejamos durante el año completo.

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